Día 1
El autobús
Nadie en mi casa nadie tiene carné de conducir. Ni mis padres, ni mi heramano, ni yo. Por la ciudad nos movemos a pie y en transporte público; y cuando vamos de vacaciones, en tren o en autobús. En el bus hay mucha gente distinta: hay adolescentes, hay ancianos, hay guiris romantizando su viaje a España, hay familias migrantes,… rara vez hay adultos solos, y desde luego somos siempre la única familia blanca a bordo. El tren es algo distinto, creo que porque la gente lo percibe como más digno, y es verdad que normalmente es mucho más rápido; pero no voy a meterme aquí hoy.
Creo y noto que, en una distancia larga, la mayoría de conductores de mi alrededor sí se debate seriamente entre su coche y el tren. También creo que esa misma gente, no se lo piensa ni dos veces cuando se trata de ir al pueblo de al lado a comer, mucho menos si el pueblo no tiene estación de ferrocarril. A mi esto me parece una tragedia, y por eso hoy quiero reivindicar un poco el medio de transporte más humilde: el autobús interurbano.
La creencia popular de que esta forma de viajar es incómoda, de que los horarios fijos son el fin de la libertad en occidente y de que se tarda mucho más en ir de un sitio a otro, no solo es propaganda anti transporte público, es que no es realmente verdad. Los buses modernos no tienen asientos peores que los de tu Citroën C4, y el tiempo extra que tardas en llegar, cuando hablamos de distancias que no llegan ni a los 80km, se compensa con el que te ahorras en buscar aparcamiento. Lo de los horarios es verdad que es más complicado, tal vez yo lo tenga más naturalizado porque llevo toda la vida viviendo así, pero al final es la misma lógica por la que el transporte urbano funciona: tenemos una elección entre salir 50 personas a la misma hora y usar un solo vehículo, o salir en momentos distintos de la próxima hora y media, usar 35 coches y colapsar las carreteras y los parkings. Además de que, dejando mis alegatos en pro del transporte público a un lado, creo que la mayoría de personas piensan que los horarios son peores de lo que son el realidad porque sencillamente no los han mirado. En la mayoría de casos están pensados para gente que tiene necesidades parecidas a las tuyas: va a haber buses antes y después de comer, a primera hora de la mañana, a última hora de la tarde,… pocas veces me he encontrado que esto no se cumpla.
Al final del día, no es que nadie en mi familia tenga carnet porque seamos unos grandes activistas climáticos, es que llevamos toda la vida siendo pobres como ratas. Tal vez ahí esté la clave, porque todo mi párrafo anterior se lo he intentado explicar muchas veces a mucha gente, y nadie me ha hecho demasiado caso. La realidad que nadie admitirá en voz alta es que esta no es solo una cuestión de comodidad, es una cuestión de clase. Coger el tren es moderno, denota que estás concienciado con el medio ambiente, es limpio, es rápido, puedes explicar por qué lo haces. Pero por donde va un autobús también puede ir un coche, e irá un pelín más rápido, así que coger el bus solo denota que no te puedes permitir un coche, y no quieres que te vean con esa gente, ¿verdad?
Yo, con suerte, y mis estudios de por medio, en no tanto tiempo voy a ser mucho menos pobre que mis padres. Aún así, no creo que aprenda nunca a conducir. Cuando lo digo la gente piensa que estoy delirando, pero a mi me parece lo más lógico del mundo: contra lo que pudiera parecer, nunca en mi vida he echado en falta tener un coche. Si sabes usarlo, el transporte público es más cómodo, además de muchísimo más barato lo compares como lo compares. Nunca me he vuelto loco buscando una plaza de aparcamiento, nunca he tenido que llevar al niño al mecánico y nunca he tenido que pensar si bebo o no, o si duermo o no, cuando voy por ahí a comer o a salir de fiesta. No pienso empezar a lidiar con ninguno de esos problemas cuando, de hecho, no tengo por qué.
Hay muchos motivos legítimos por los que una persona puede necesitar tener un coche, tal vez tu trabajo esté muy lejos, o tu pueblo sea una aldea bastante apartada a la que sí sea difícil llegar. No es mi caso, y sé a ciencia cierta que no es el caso de muchísima gente en ciudades como la mía. Así que si puedo animar a la gente a algo, es a que pruebe a vivir sin él, tal vez te sorprendas descubriendo que usando más el bus y menos el coche tu forma de viajar se vuelve, de hecho, mejor.